En 2026 se cumplen 50 años del nacimiento de uno de los automóviles más emblemáticos de la historia de la marca de la estrella de Stuttgart: el Mercedes-Benz W123. Presentado oficialmente en enero de 1976 como sucesor de los exitosos W114/115, este modelo sentó las bases de lo que más adelante se conocería formalmente como EL Mercedes-Benz Clase E. Medio siglo después, el W123 continúa siendo un símbolo de durabilidad, ingeniería rigurosa y elegancia atemporal. Hoy vamos a conocer su historia con motivo de su protagonismo en nuestro Salón Retro Galicia.
CREACIÓN Y CONTEXTO HISTÓRICO
El desarrollo del W123 comenzó a finales de la década de 1960, en un momento en que Mercedes-Benz buscaba consolidar su liderazgo en el segmento medio-alto del mercado automotriz. La marca pretendía ofrecer una berlina que heredara la robustez legendaria de sus predecesores, pero que incorporara avances técnicos derivados de modelos superiores como el Mercedes-Benz W116.

El diseño del W123 reflejaba esa ambición. Sus líneas rectas y sobrias transmitían solidez y distinción, mientras que el frontal con faros horizontales y la característica parrilla cromada reforzaban la identidad visual de la marca. Más allá de la estética, el objetivo principal era elevar los estándares de seguridad, confort y calidad de fabricación. En plena crisis del petróleo y en un contexto económico incierto, Mercedes apostó por un producto que combinara eficiencia, fiabilidad mecánica y larga vida útil.

FICHA TÉCNICA
El W123 se ofreció con una amplia variedad de carrocerías: berlina (la más popular), coupé (C123), familiar o “T-Model” (S123), siendo esta versión el primer modelo familiar fabricado en serie por Mercedes, así como versiones alargadas (V123) destinadas a usos profesionales. Esta diversidad contribuyó a su enorme éxito comercial.

En el apartado mecánico, la gama fue extensa. En gasolina, los motores de cuatro y seis cilindros abarcaban cilindradas desde los 2.0 hasta los 2.8 litros. Las potencias oscilaban aproximadamente entre los 94 CV de las versiones básicas, 200 y los cerca de 185 CV del 280 E con inyección electrónica. Estas variantes destacaban por su suavidad de funcionamiento y su elasticidad, cualidades muy valoradas en largos desplazamientos.

En diésel, el W123 se convirtió en toda una referencia mundial. Modelos como el 200 D, 240 D y especialmente el 300 D ofrecían una fiabilidad excepcional. El 300 D Turbodiesel, lanzado inicialmente para el mercado norteamericano, demostró que el gasóleo podía combinar economía y prestaciones razonables. Muchos de estos vehículos superaron el millón de kilómetros, cimentando la fama de indestructible que aún hoy acompaña a la serie.

Las transmisiones disponibles incluían cajas de cambio manuales de cuatro y cinco velocidades, así como una automática de cuatro marchas. Con una longitud cercana a los 4,7 metros y una distancia entre ejes en torno a los 2,8 metros, el W123 ofrecía un habitáculo amplio y un maletero generoso, cualidades que lo hacían ideal tanto para uso familiar como profesional.
INNOVACIONES TECNOLÓGICAS Y SEGURIDAD
Uno de los pilares fundamentales del W123 fue la seguridad. Mercedes aplicó en este modelo numerosos avances derivados de la investigación en protección de ocupantes. La carrocería incorporaba zonas de deformación programada y un habitáculo rígido diseñado para preservar la integridad de los pasajeros en caso de colisión.
En 1980 se introdujo como extra el sistema antibloqueo de frenos ABS, una tecnología pionera en el segmento. En 1982, el airbag para el conductor pasó a estar disponible, acompañado de pretensores de cinturón. Estas soluciones, hoy habituales, eran innovaciones de vanguardia en su momento y consolidaron la reputación del W123 como uno de los automóviles más seguros de su categoría.
El confort también fue objeto de atención especial. El aislamiento acústico, la calidad de los materiales y la precisión en los ajustes interiores marcaban diferencias frente a muchos competidores. Equipamientos como el climatizador automático, el control de crucero Tempomat o los elevalunas eléctricos reflejaban el posicionamiento premium del modelo.
PRODUCCIÓN Y LEGADO
Entre 1975 y 1986 se fabricaron aproximadamente 2,7 millones de unidades del W123, convirtiéndolo en uno de los Mercedes más vendidos hasta ese momento. La producción tuvo lugar principalmente en la planta de Sindelfingen, aunque también se ensamblaron unidades en otras instalaciones internacionales para satisfacer la elevada demanda. El éxito fue tal que, en determinados mercados, las listas de espera alcanzaban varios meses.

El W123 se convirtió también en el vehículo habitual de taxis en Europa, África y Oriente Medio, donde su resistencia mecánica y facilidad de mantenimiento eran altamente apreciadas. También fue coche oficial de empresas, organismos públicos y profesionales liberales que buscaban una combinación de prestigio y fiabilidad.
Con la llegada de su sucesor en 1984, el W124, que adoptaría oficialmente la denominación Clase E en los años noventa, el W123 comenzó a despedirse gradualmente del mercado, aunque su producción se mantuvo hasta enero de 1986. Lejos de desaparecer, se inició por aquel entonces una segunda vida como vehículo de ocasión extremadamente valorado.

Cincuenta años después de su debut, el Mercedes-Benz W123 sigue siendo un referente indiscutible. Representa una época en la que la ingeniería priorizaba la durabilidad y la calidad por encima de todo. Su legado no se limita a cifras de producción o innovaciones técnicas: encarna una filosofía de fabricación que convirtió a Mercedes en sinónimo de solidez y excelencia. En su 50 aniversario, el W123 no solo es un clásico admirado, sino también un recordatorio tangible de cómo la precisión alemana pudo crear un automóvil destinado a perdurar mucho más allá de su tiempo.





