Pese a ser una marca francesa no tan conocida, Delahaye fabricó algunos de los vehículos más elegantes dentro del país galo. Uno de esos modelos fue el Delahaye 235. Su refinado diseño y su construcción realizada con un cuidado artesanal, convirtieron a este modelo como un coche que fue pensado para un público selecto, frente a los modelos de producción en masa durante la Francia de la posguerra. Independientemente de su propósito final, este coche se llevó la victoria frente a sus otros vehículos compatriotas en el pasado concurso de elegancia del Retro Málaga. Así que es el momento perfecto para darle voz, tanto a la historia de este modelo 235, como de la marca Delahaye en general.
¿QUÉ MARCA FUE DELAHAYE?
Delahaye fue una marca francesa fundada en Tours en 1894 por Émile Delahaye. Desde sus orígenes se caracterizó por ser una marca centrada en la fabricación de automóviles de lujo, aunque también se expandió y se dedicó a la producción de camiones pesados y vehículos de bomberos. Su existencia se extendió hasta el año 1954. Su modelo más famoso fue el Delahaye 135. Un modelo del período de entreguerras con el que la marca alcanzó todo su prestigio internacional al llevarse varias victorias en el Rallye de Montecarlo y una victoria absoluta durante las 24 horas de Le Mans de 1938.

LA CREACIÓN DEL DELAHAYE 235
El Delahaye 235 fue presentado durante el Salón del Automóvil de París de 1951, en un contexto muy difícil para la marca y para la industria automovilística europea en general. Tras la Segunda Guerra Mundial, el mercado estaba cambiando rápidamente: los coches grandes, caros y artesanales comenzaban a perder terreno frente a modelos más asequibles y modernos. Aun así, Delahaye decidió apostar por la continuidad de su filosofía de fabricar vehículos exclusivos, como hacía antes de la guerra.

El modelo 235 surgió como la evolución final del exitoso Delahaye 135 de antes de la guerra, por lo que podríamos calificarlo como su “sucesor”. Con el 235 la marca buscaba modernizar ligeramente su oferta sin renunciar a los principios que la habían hecho famosa: motores refinados, chasis robustos y carrocerías firmadas por los mejores carroceros franceses. Fue el último Delahaye de la historia, ya que esa falta de adaptación a los nuevos tiempos fue lo que provocó que la marca cesara su producción en el año 1954, teniendo al 235 como un modelo que se produjo solo entre 1951 y 1954.

DISEÑO
El diseño del Delahaye 235 no respondió a un único patrón, ya que muchos ejemplares fueron carrozados por firmas independientes como son el caso de Chapron, Figoni & Falaschi o Letourneur et Marchand. Esto provocó que cada unidad tuviera una personalidad propia, reforzando su carácter exclusivo. Pero líneas generales, los diseños del Delahaye 235 compartían algunos aspectos: eran elegantes y con una estética claramente influenciada por el estilo clásico francés. El largo capó, las aletas suavemente marcadas y la parrilla vertical transmitían una sensación de nobleza y distinción. A diferencia de los exuberantes diseños americanos de la época, los Delahaye 235 apostaban por la discreción y la armonía de formas.

El interior mantenía esa misma filosofía. Los materiales utilizados, como cuero, madera y metal pulido, estaban cuidadosamente trabajados y ensamblados. El salpicadero era funcional pero refinado, con instrumentos bien distribuidos y una sensación general de calidad artesanal. Los asientos eran cómodos y envolventes, pensados para viajes largos y tranquilos, más que para una conducción agresiva, como lo fue el Delahaye 135, que claramente se pensó para las carreras.

ESPECIFICACIONES TÉCNICAS
El motor del Delahaye 235 era de seis cilindros en línea de aproximadamente 3.557 cc de cilindrada (3,5 L). Este propulsor desarrollaba una potencia de 152 CV. La transmisión era manual, generalmente de cuatro velocidades, y la tracción se realizaba sobre el eje trasero (MDTT). Este conjunto proporcionaba una conducción suave y progresiva, con una entrega de potencia refinada y silenciosa. No se trataba de un coche deportivo en el sentido estricto de la palabra, pero sí ofrecía buenas prestaciones para lo que era un coche su categoría, alcanzando una velocidad máxima cercana a los 170 km/h.
El chasis, de construcción tradicional, garantizaba solidez y estabilidad, mientras que la suspensión estaba claramente orientada al confort. Los frenos de tambor, habituales en la época, cumplían adecuadamente su función en combinación con el peso y las prestaciones del vehículo.

Desgraciadamente, el Delahaye 235 representó el final de una era en la historia del automóvil francés y de toda una marca. Su creación fue un acto de fidelidad a su propia historia, basada en una forma clásica de entender el lujo, la artesanía, la elegancia y la exclusividad, en un momento en el que el mercado comenzaba a exigir soluciones más industriales y económicas. Pese a que simboliza la caída de toda una marca por una decisión de marketing equivocada, este modelo en el presente es considerado una auténtica joya del automovilismo clásico, y en nuestro caso, un coche que gana concursos de elegancia. El Delahaye 235 no fue un éxito comercial en su momento, pero sí un éxito simbólico, ya que representa, por encima de todo, el testimonio de una marca que se mantuvo fiel a su identidad hasta el final.





