En los últimos meses hablamos, con motivo del centenario de Ducati, de algunos de los pilotos que han dejado su huella en la marca en MotoGP. Empezamos por Loris Capirossi, que fue el comienzo de los podios y victorias; luego hablamos de Casey Stoner y del primer título que consiguió para la marca. Después repasamos el discreto paso de otros campeones del mundo como Valentino Rossi o Nicky Hayden. Hoy toca hablar del siguiente piloto de esta cadena, Andrea Dovizioso, un piloto que podríamos situar entre Stoner y el grupo formado por Valentino Rossi o Nicky Hayden: un piloto que no llegó a ser campeón del mundo, pero que lo intentó, devolviendo a Ducati a la lucha por los títulos. ¡Arrancamos!
La reconstrucción de Ducati
La trayectoria de Dovizioso en Ducati es la historia de una evolución paciente. En su debut en 2013, el italiano heredó una moto crítica y subviradora, finalizando el campeonato en octava posición con 140 puntos, sin lograr ni un solo podio. 2013 fue un año que sirvió para entender la magnitud del problema, aprender de los errores y poner los cimientos del futuro. Para 2014 llegaron los primeros brotes verdes; consiguió dos podios, en Austin y Assen, y una pole position en Motegi, terminando quinto con 187 puntos.

Con la llegada de la GP15 en 2015, una moto completamente diseñada por Dall’Igna, Andrea sumó cinco podios, cuatro de ellos en las primeras cinco carreras, aunque la irregularidad durante la segunda mitad de la temporada lo relegó a la séptima plaza final con 162 puntos, cuando llegó a estar segundo a comienzos de año. El año de la liberación definitiva fue 2016. Terminó quinto con 171 puntos y, bajo el diluvio del Gran Premio de Malasia en Sepang, volvió a ganar una carrera de MotoGP siete años después de su último triunfo, confirmando que la Ducati volvía a ser una moto ganadora.

La trilogía de plata contra Marc Márquez
El trienio entre 2017 y 2019 representa la cumbre de Andrea Dovizioso tanto en Ducati como en MotoGP. Firmó tres subcampeonatos del mundo consecutivos. Fue una época dorada marcada por duelos titánicos, decididos en la última curva del último suspiro, contra el dominador absoluto de la época: Marc Márquez.
En 2017, Dovizioso firmó una temporada espectacular en la que sumó 261 puntos. Logró seis victorias repartidas en los Grandes Premios de Italia, Cataluña, Austria, Gran Bretaña, San Marino y Malasia, plantándole cara a Márquez hasta la última cita en Valencia. Fue el año en que casi emula a Stoner. Nadie esperaba que pusiera contra las cuerdas al de Cervera, regalando batallas icónicas como las de Spielberg y Motegi, donde la potencia de la Desmosedici y la sangre fría de Dovizioso batieron al español.

En 2018 y 2019 cosechó 245 y 269 puntos, respectivamente. En la temporada 2018 sumó cuatro victorias, mientras que en 2019 se anotó dos triunfos más. La Ducati ya era considerada por muchos la moto más completa de la parrilla, un misil en las rectas gracias a las innovaciones aerodinámicas de las que Dovizioso fue el principal probador. Sin embargo, la regularidad estratosférica de Márquez impidió que el italiano se coronase, sellando tres subcampeonatos dolorosos, pero de un valor histórico incalculable.
El legado ducatista de Dovi
El impacto de Dovizioso en los libros de historia de Ducati es masivo. A lo largo de sus ocho temporadas con la escudería de Borgo Panigale, el piloto de Forlì disputó un total de 141 Grandes Premios. En esta larga aventura acumuló 14 victorias y subió al podio en 40 ocasiones, además de firmar 6 pole positions. Sus tres subcampeonatos mundiales consecutivos lo situaron en aquel momento como el segundo piloto más laureado de la marca, solo por detrás del propio Stoner.

En 2020, temporada en la que finalizó cuarto con 135 puntos y una última victoria en Austria, llegó el desgaste definitivo de la relación entre el piloto y la cúpula de la fábrica. El cambio en la carcasa de los neumáticos Michelin perjudicó el estilo de frenada de Dovizioso, y las tensiones internas precipitaron su salida al término de la temporada. Andrea Dovizioso no pudo emular el título de Casey Stoner, y el destino quiso que otro italiano, Francesco «Pecco» Bagnaia, recogiera los frutos de su siembra años más tarde para convertirse en el primer campeón de Italia a los mandos de una Ducati roja. No obstante, la historia es justa: la hegemonía actual de Ducati no se entiende sin las lágrimas, el sudor y la precisión quirúrgica de un «DesmoDovi» que sacó a la fábrica de la oscuridad y demostró al mundo que la Desmosedici podía volver a reinar.





