El triplete de los Ford GT40 MkII en las 24 Horas de Le Mans de 1966 pasó a la posteridad como el momento cumbre del automovilismo estadounidense. Sin embargo, en los despachos de Detroit la euforia duró poco. Los ingenieros sabían que el MkII era un coche pesado (más de 1.200 kg) y que su aerodinámica estaba al límite. Para batir a los hermosos Ferrari 330 P4, necesitaban algo radicalmente nuevo. Ese proyecto se llamó Ford J-Car, un automóvil experimental concebido desde la aerodinámica y la ingeniería aeroespacial que acabaría marcado por la tragedia. Hoy conoceremos sus mayores curiosidades: su desarrollo, sus especificaciones, su diseño, las pruebas que realizó, si disputó carreras o no, los chasis que se construyeron y si se conservan en la actualidad. ¡Arrancamos!
Diseño y características técnicas: el salto al «panal» de aluminio
El nombre del prototipo provenía del Apéndice J de las regulaciones de la FIA. Diseñado bajo la dirección de Roy Lunn en Kar Kraft, la división de proyectos especiales de Ford, el J-Car rompió con la arquitectura del GT40 convencional. La gran innovación fue su chasis monocasco, fabricado con paneles de aluminio en estructura de panal de abeja de media pulgada, recubiertos por finas láminas de aluminio. Esta técnica, heredada de la aviación, permitía que el chasis desnudo pesara apenas 39 kilos (86 libras). El coche completo detuvo la báscula en 1.000 kg, logrando reducir casi 300 kg respecto al MkII, que era su objetivo principal.

En posición central longitudinal se mantenía el imponente motor V8 de 7.0 litros, alimentado por un carburador Holley de cuatro bocas que proporcionaba una potencia de unos 500 CV. Estaba acoplado a una transmisión manual Kar Kraft T44 de cuatro velocidades. El aspecto en el que más se diferenciaba del GT40 era la estética. Presentaba un morro achatado con tomas de aire laterales tipo NASA, una cabina mucho más estrecha para reducir el área frontal y una zaga truncada tipo Kamm-back, con un techo plano que terminaba abruptamente para canalizar el flujo de aire y evitar sustentación a alta velocidad. Su altura era de unos 97,8 centímetros.

Desarrollo y la tragedia de Riverside
El primer prototipo (denominado J-1) estuvo listo en la primavera de 1966 y rodó en los entrenamientos oficiales de Le Mans, marcando el mejor tiempo. Sin embargo, Ford decidió congelar temporalmente el proyecto para concentrar todos sus recursos en la carrera de ese año con los MkII. Tras lograr el histórico triplete, el desarrollo del J-Car se reanudó con el chasis J-2.
El 17 de agosto de 1966, el legendario piloto y probador Ken Miles se encontraba en el circuito de Riverside, California, a los mandos del J-2. Miles llevaba días exprimiendo el coche para corregir su comportamiento. Al final de la jornada, mientras rodaba en la recta trasera a casi 320 km/h, el coche perdió repentinamente el control, se salió de la pista en una escapatoria en bajada, voló y comenzó a dar violentas vueltas de campana antes de incendiarse. Miles salió despedido del habitáculo y falleció de forma instantánea.
Las causas exactas del accidente nunca se determinaron con absoluta certeza, alimentando debates mecánicos durante décadas. La investigación interna de Ford apuntó a dos teorías principales: una inestabilidad aerodinámica catastrófica que hizo que la parte trasera del coche se elevara, creando un efecto de sustentación inversa en lugar de carga, o un fallo mecánico, concretamente el bloqueo de la transmisión experimental que se estaba probando. Además, el ligerísimo chasis de aluminio se desintegró por completo en el impacto, demostrando que, aunque era rígido y ligero, carecía de la resistencia estructural necesaria para absorber impactos de esa magnitud.
¿Llegó a correr en carrera?
En su configuración original, el J-Car nunca llegó a competir en una carrera oficial. Tras la muerte de Miles, el proyecto se detuvo por completo para replantear la seguridad. Los ingenieros reforzaron el chasis añadiendo jaulas antivuelco de acero tubular y puntos de soldadura estructurales. Además, rediseñaron por completo la carrocería en el túnel de viento, creando una silueta mucho más fluida, redondeada y aerodinámica. Este coche modificado abandonó el nombre de J-Car y se bautizó oficialmente como el Ford GT40 Mark IV. El Mark IV debutó ganando las 12 Horas de Sebring de 1967 con Mario Andretti y Bruce McLaren al volante de un chasis J adaptado.

Meses después, en las 24 Horas de Le Mans de 1967, Dan Gurney y A.J. Foyt llevaron al Mark IV a la victoria absoluta, completando la misión para la que el J-Car original había sido concebido. La validez del nuevo diseño de seguridad quedó demostrada cuando Mario Andretti sufrió un brutal accidente a alta velocidad en esa misma carrera; gracias a las mejoras estructurales introducidas tras la muerte de Miles, Andretti salió prácticamente ileso.

¿Se conservan los prototipos originales?
De los dos chasis originales con la carrocería J-Car original (la versión de formas rectas), ninguno sobrevive hoy en día. El chasis J-1 fue desmantelado y destruido deliberadamente por Ford para realizar pruebas de fatiga de materiales y analizar los niveles de resistencia y adherencia de la resina epoxi tras los primeros test. El chasis J-2 quedó completamente destruido y calcinado en el trágico accidente de Ken Miles en Riverside y nunca se reconstruyó.
Los chasis posteriores construidos bajo el programa J (del J-3 al J-8) se ensamblaron directamente o se reconvirtieron a la especificación de carrocería e interiores del Mark IV o a barquetas para la serie Can-Am. Afortunadamente, varias de estas unidades modificadas, como el célebre chasis J-7 o el J-4 ganador de Sebring, sí sobreviven en museos como la Shelby American Collection, en Colorado, y en prestigiosas colecciones privadas, manteniendo vivo el linaje técnico del innovador y trágico concepto original.





