Dentro de los modelos del Museo del Automóvil y moda de Málaga, se dejó ver en nuestro primer salón del año una unidad del Talbot-Lago T23, uno de los automóviles más evocadores de la Francia de los años 30. Hoy vamos a conocer su historia, abarcando sus orígenes y sus características, tanto de diseño como de mecánica.
ORIGEN
La historia del Talbot-Lago T23 se remonta a una época turbulenta. Tras una serie de fusiones y dificultades financieras, la marca Talbot, que había surgido en 1893 con Alexandre Darracq y otros socios, había terminado integrada en el consorcio británico Sunbeam-Talbot-Darracq. Sin embargo, la química entre las distintas sedes europeas no funcionó a largo plazo, y la fábrica francesa de Suresnes acabó en manos de Lago en 1935, cuando este decidió reconducirla hacia la excelencia técnica y el diseño elegante.
Lago, un ingeniero con amplia experiencia (incluyendo trabajo con la compañía de cajas de cambio Wilson y formación aeronáutica), vio una oportunidad para revitalizar la marca. Bajo su liderazgo, Talbot-Lago no solo buscó el éxito competitivo en carreras como las 24 Horas de Le Mans o el Gran Premio de Francia, sino que también quiso crear automóviles que mezclaran rendimiento, refinamiento y distinción estética.
Así fue como nació el T23. Lanzado en 1936 como una de las primeras nuevas propuestas tras la adquisición de la fábrica por parte de Lago. Fue presentado como un coche “de turismo deportivo”. El T23, también llamado a veces “Baby Talbot”, convivió con otros modelos más orientados a competición, y rápidamente se hizo popular entre una clientela exigente que quería combinar elegancia y rendimiento sin sacrificar confort.
DISEÑO EXTERIOR Y CARROCERÍA

Una de las características más memorables del Talbot-Lago T23 es, sin duda, su diseño. Construido en la época dorada del Art Deco, muchos chasis fueron carrozados por los más prestigiosos carroceros de Francia, como Figoni & Falaschi o Chausson en París. Estas versiones con carrocería artesanal mostraban líneas fluidas, guardabarros envolventes, techos descapotables elegantes y proporciones perfectamente equilibradas que evocaban movimiento incluso en parado.

Los modelos de carrocería variaban: había cabriolets de líneas clásicas, coupés aerodinámicos y berlinas. Las piezas se adaptaban a las múltiples longitudes de chasis ofrecidas (desde aproximadamente 2,950 mm hasta 3,450 mm), lo que permitía crear desde un precioso coupé compacto hasta una elegante limusina para viajes largos.

ESPECIFICACIONES TÉCNICAS
El corazón del T23 era un motor de seis cilindros en línea, diseñado por Walter Brecchia, ingeniero asociado a Lago, a partir del bloque Talbot original. Esta arquitectura era robusta y elegante, con cámaras de combustión hemisféricas y un árbol de levas bajo que actuaba a través de varillas cruzadas y balancines, lo que mejoraba la respiración del motor y su respuesta.
La cilindrada típica de la versión más común era de aproximadamente 4 litros (3.996 cc), alimentada por dos carburadores Solex que le permitían generar entre 115 y 140 CV, unas cifras muy respetables para un coche de turismo de los años treinta. Este motor movía el vehículo con suavidad y suficiente brío para un gran turismo, con prestaciones que podían acercarse a los 150 km/h en su versión más potente.

Otra de las innovaciones del Talbot-Lago T23 era su caja de cambios preselector Wilson de cuatro velocidades. Este tipo de transmisión, muy avanzado para su época, permitía preseleccionar la marcha siguiente y luego accionarla con un solo movimiento del pedal o palanca, ofreciendo cambios más rápidos y precisos que los tradicionales sincronizados de la época.
El tren delantero utilizaba una suspensión independiente con ballesta transversal y barras de torsión, proporcionando un equilibrio entre comodidad y control en curvas. El eje trasero, por su parte, era rígido con ballestas semielípticas clásicos. Frenos de tambor en las cuatro ruedas proporcionaban la potencia de frenado adecuada para un coche de este tamaño y peso, aunque lejos de los sistemas hidráulicos más modernos que vendrían después.

LEGADO
El Talbot-Lago T23 fue la síntesis de ingeniería avanzada, diseño artesanal y pasión por la belleza automotriz. Nació en un momento en que la industria europea estaba en transición, entre el auge de las grandes carreras y una sociedad que empezaba a valorar el automóvil como símbolo de status y estilo de vida. Cada T23 sobreviviente es hoy una pieza de coleccionista como el caso del ejemplar del museo malagueño y un recordatorio tangible del esplendor del diseño francés previo a la Segunda Guerra Mundial.
En definitiva, el Talbot-Lago T23 representó el pináculo del gran turismo de preguerra, un coche que supo combinar rendimiento, tecnología y elegancia con una sensibilidad que pocas marcas han logrado repetir desde entonces. Su legado sigue vivo en cada línea curva, en cada engranaje de su preselector y en cada mirada que devuelve a quienes tenemos la suerte de contemplarlo hoy.


