Mucho antes de que el legendario McLaren F1 revolucionara el mundo de los superdeportivos en los años noventa, McLaren ya había intentado dar el salto a la producción de automóviles de calle. Ese primer proyecto recibió el nombre de M6GT y estuvo impulsado por el propio fundador, Bruce McLaren. Su objetivo era sencillo en apariencia, pero enormemente ambicioso para finales de los años sesenta: construir un coche de calle con la tecnología, las prestaciones y el espíritu de un auténtico automóvil de carreras. Hoy vamos a contar la historia de un coche que, desgraciadamente, se quedó solo en un proyecto, pero que es digno de ser conocido por todos los aficionados al motor. ¡Arrancamos!
El deseo de Bruce McLaren de pasar de las pistas a las calles
El M6GT nació directamente del exitoso McLaren M6A, el prototipo con el que el equipo dominó el campeonato Can-Am en 1967. Aquellos deportivos de competición, equipados con enormes motores V8 estadounidenses y construidos alrededor de un ligero chasis monocasco, eran prácticamente imbatibles. Bruce McLaren estaba convencido de que aquella arquitectura podía adaptarse para crear un automóvil matriculable, capaz de ofrecer unas sensaciones nunca antes vistas en un coche de producción.

Lejos de plantear un gran turismo convencional, Bruce McLaren imaginó un vehículo extremadamente cercano a un coche de carreras. El conductor iría sentado muy bajo, el motor se colocaría en posición central y toda la filosofía del proyecto giraría en torno a la ligereza, la simplicidad mecánica y la eficacia dinámica. Eran principios que décadas después seguirían definiendo a todos los modelos de la marca. El resultado sería el McLaren M6GT, que conservaba gran parte de la esencia del coche de competición, aunque incorporaba las modificaciones necesarias para circular por carretera.

Características
La carrocería estaba realizada en fibra de vidrio y destacaba por sus líneas muy limpias, con un frontal extremadamente bajo y unos pasos de rueda marcados que transmitían sensación de potencia incluso estando parado. Otro de sus rasgos más característicos eran las puertas de apertura vertical, que se elevaban parcialmente hacia el techo y facilitaban el acceso a un habitáculo muy compacto. Aunque este sistema suele asociarse a modelos posteriores, el M6GT fue uno de los primeros deportivos en utilizar una solución de este tipo. El parabrisas, muy inclinado, la corta zaga y la reducida superficie acristalada reforzaban su imagen de prototipo de competición adaptado para la carretera.

El corazón del proyecto era un motor Chevrolet V8 de bloque pequeño, con una cilindrada cercana a los 5,7 litros. Dependiendo de la configuración elegida, el propulsor desarrollaba alrededor de 370 CV, una cifra extraordinaria para finales de los años sesenta. Con solo 800 kg de peso, las prestaciones resultaban espectaculares. Se estimaba una velocidad máxima superior a los 270 km/h y una aceleración de 0 a 100 km/h por debajo de los cinco segundos, cifras reservadas en aquella época a los automóviles de carreras más rápidos.

El propio Bruce utilizó uno de los prototipos como automóvil personal durante meses. Lo conducía habitualmente por carretera para poner a prueba soluciones mecánicas, mejorar la ergonomía y comprobar que el concepto era viable. Aquella experiencia reforzó su convencimiento de que existía un mercado para un deportivo de altas prestaciones desarrollado por un constructor especializado en competición.

La pérdida que lo paralizó todo
Los planes eran relativamente modestos. McLaren no pretendía convertirse en un fabricante de gran volumen, sino construir alrededor de 250 unidades al año, una cifra suficiente para sostener una pequeña producción artesanal sin comprometer la actividad deportiva del equipo. En muchos sentidos, el proyecto anticipaba el modelo de negocio que décadas más tarde seguirían numerosas marcas de superdeportivos.

Sin embargo, el destino quiso otra cosa. El 2 de junio de 1970, a los 32 años, Bruce McLaren falleció mientras probaba un McLaren M8D de Can-Am en el circuito de Goodwood, Inglaterra. Su muerte supuso un golpe devastador para la compañía, que decidió concentrar todos sus recursos en la competición y abandonar indefinidamente cualquier proyecto relacionado con automóviles de carretera.
McLaren F1: el bólido que tomó el testigo del M6GT
No sería hasta 1992 cuando la marca presentó el primer McLaren de carretera, el F1, diseñado por Gordon Murray. Habían transcurrido 22 años desde la muerte de Bruce McLaren y la cancelación del M6GT. A pesar de esa enorme distancia temporal, ambos proyectos compartían una misma filosofía: crear el mejor automóvil de carretera posible utilizando la experiencia adquirida en los circuitos. El F1 acabaría convirtiéndose en uno de los mayores iconos de la historia del automóvil, pero muchos de sus principios fundamentales ya estaban presentes en el M6GT. La obsesión por la ligereza, la posición central del motor, la prioridad absoluta por el rendimiento y el rechazo a los compromisos comerciales formaban parte del ADN que Bruce McLaren había imaginado a finales de los años sesenta.

La reconstrucción de una unidad del M6GT para el Festival de Goodwood de este año ha constituido mucho más que la recuperación de un automóvil histórico. Representa el regreso del coche que pudo cambiar el rumbo de McLaren mucho antes de la llegada del F1 y recuerda que la aventura de la marca en los deportivos de carretera no comenzó en los años noventa, sino con el sueño inacabado del gran Bruce McLaren.





